El contagioso ritmo Cha Cha Cha nació en la esquina de Prado y Neptuno, en el mismo corazón de La Habana. En un salón situado en los altos del antiguo restaurante Miami, que ofrecían bailes los viernes, sábados y domingos, y donde se daban cita los jóvenes bailadores tanto blancos como negros, fundamentalmente estudiantes del Instituto No. 1. Un peso los hombres y treinta centavos las mujeres.
Pero… ¿Cómo nació este baile sin igual? Les cuento que en esta misma época, 1948, diferentes músicos y orquestas estaban buscando nuevos ritmos y sonoridades. Pero lo que tocaba la orquesta América dirigida por Enrique Jorrin, en Prado y Neptuno, era algo diferente, distinto, ajeno al danzón, que es el baile nacional de Cuba, aunque nació de la propia célula.
Esta nueva forma de interpretar la música bailable, se fue madurando, conformando entre 1949 y 1953. Hasta que salió el primer disco con el ritmo cha cha cha y su gran éxito La Engañadora. Ambos creados por el músico Enrique Jorrin, el que en 1954 fundó su propia orquesta.
¿Por qué se llamó cha cha cha? Nos contó su creador que fue por "el ruido que producían los bailadores, al arrastrar los pies sobre el piso…cha…cha…cha…".
Pero la famosa e inmortal Engañadora… ¿Cómo surgió? Dejemos que sea el propio Jorrin el que nos cuente la anécdota que dio origen a este popular personaje: "Una tarde yo iba por la calle Infanta, y pasó una mujer de formas exageradas, muy provocativa. Ese fue el último año que circularon los tranvías y se pararon cuando ella pasó, también el policía….así como todos los hombres, porque era algo monumental. Uno de ellos se arrodilló en la acera de la esquina de Sitios e Infanta, y empezó a rezarle y rogarle como si fuera una santa. Ella pasó junto a él y le lanzó una mirada despectiva. Al hombre le molesto aquello acción y se viró para nosotros y dijo: "Bah, tanto cuento y cuando tu vienes a ver todo eso es de goma". Esa noche era sábado y yo tenía tocar en Prado y Neptuno Allí nos llamaba la atención una muchacha que siempre iba vestida de blanco, cuyas partes del cuerpo no eran armónicas, porque las que no se veían , eran más voluminosas que los brazos y las piernas…entonces relacioné esta muchacha y sus formas con la de Infanta y Sitios y se me ocurrió La Engañadora. Esta es la verdadera historia. Yo no engaño a nadie"
Claro que en estos tiempos de licra, bikini, hilo dental y ombligo al aire libre, resulta difícil que una muchacha pretenda engañarnos, además las almohaditas ya no son necesarias pues las flacas, perdón, las delgaditas están de moda, es lo que se usa, y las gorditas, mis preferidas, andan corriendo alrededor del parque para eliminar el incomodo y antiestático "salvavidas", que la rodea y que amenaza con ahogarle su gracioso ombligo. Como en el béisbol, ya no se usan mucho las curvas muy pronunciadas, solo rectas…que no engañan a nadie. |